Por Joaquín López y José Francisco Montecino

La rápida propagación del SARS-CoV-2 por el mundo ha forzado a las naciones tomar medidas restrictivas para detener el contagio y la saturación de sus sistemas de salud. Chile no es la excepción. Fue hace exactamente 4 meses, el 3 de marzo, que se dio a conocer el primer contagiado por coronavirus. Desde entonces la cifra ha aumentado de manera exponencial llegando a los 288.089 contagiados, según reportó el ministerio de Salud este viernes 3 de julio.

En el país ya se contabilizan 63 comunas en cuarentena obligatoria. Muchas de ellas llevan más de un mes con esta medida, o han debido volver a implementarse producto de rebrotes.

Por esto, solo supermercados, farmacias o tiendas de primera necesidad pueden abrir sus puertas. Y, al igual que en otras naciones, la pandemia ha dejado un efecto demoledor en la economía.

Las cifras se desploman

Las estrictas restricciones de libre tránsito en conjunto al cierre temporal de locales comerciales y empresas han perjudicado la actividad económica, dejando así a muchas personas sin la posibilidad de trabajar. No pasó mucho tiempo desde la llegada del nuevo coronavirus para ver sus efectos. Se formaron filas de personas al llegar a las oficinas de la Administradora de Fondos de Cesantía (AFC) para retirar sus seguros, tras ser desvinculados de sus trabajos.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la tasa de desocupación en la Región Metropolitana alcanzó el 11,9%. A nivel nacional esta cifra alcanzó el nivel de 11.2%, superando por cuatro puntos porcentuales la del año pasado. 

 

 

Además, 664.119 trabajadores han presentado solicitudes para ampararse bajo la Ley de Protección del Empleo. 

Era el inicio de lo que se vendría más adelante. 

El 1 de julio, el Banco Central informó el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMACEC) correspondiente a mayo. El indicador registró una caída del 15.3%. El peor número desde su publicación en 1986. 

Este dato fue duramente recibido por el ministro de Hacienda, Ignacio Briones. En una entrevista con radio Infinita, la calificó como una “caída monumental” agregando que esta es una consecuencia a la implementación de las cuarentenas. Estas medidas no son sostenibles, según el economista y académico de la Universidad Mayor, Roberto Saavedra, quien propone que “las únicas dinámicos anticipativas que puedan haber a todo esto sería la creación de algún dispositivo que nos permita eliminar las barreras de infección; algo así como para levantar estas mecánicas restrictivas que generan consecuencias de dependencia de toda una población frente al estado, que además no tendrá ingresos para sostenerlo.”

 

La crisis por el coronavirus también se ve reflejada en el Índice de Precio al Consumidor (IPC) el cual presentó un nivel de 1.3% en el boletín estadístico del 5 de junio. Dicha cifra se encuentra por debajo de la meta impuesta por el Banco Central, que tenía estimado una variación entre un 2% y 4% al finalizar el 2020.

La información entregada por el Informe de Política Monetaria (Ipom) también es poco prometedora. En la publicación emitida por el Banco Central del 17 de junio se informa que para el 2020 está previsto una contracción en la economía entre un -5,5% y -7,5%, la mayor en 35 años. 

En el documento se destaca que los sectores más perjudicados son los restaurantes, el comercio, hotelería y transporte.  

Si bien estas cifras dan cuenta de una preocupante realidad económica, el coordinador del área macroeconómica del Centro Latinoamericano de Políticas Económicas y Sociales de la Universidad Católica (Clapes UC), Hermann González, considera que el nivel de crisis al que se ha llegado no es causa exclusiva de la pandemia, asegurando que “hay que recordar de dónde venimos; una crisis social muy grande que generó mucha inestabilidad económica a fines del año pasado”, agregando que “la proyección de crecimiento de Chile antes de que nos golpeara la pandemia era de un 1%. No era un buen año de partida,  ya teníamos nuestros propios problemas internos y la pandemia nos golpea en una situación frágil que no se solucionó, sino que quedó en stand by y que probablemente se va reactivar después de esto. Hay desafíos pendientes que resolver que hace más desafiante el futuro de la economía chilena”.

 

Ayuda estatal

El Estado ha intentado mitigar los efectos económicos por la pandemia que comenzaron a afectar gravemente la calidad de vida las personas.  El 17 de mayo se anunció la entrega de 2.5 millones de canastas de alimentos a las familias más vulnerables, pero este fue recibido con confusión y cuestionamientos respecto a la cifra real de beneficiarios y acusaciones de aprovechamiento político de parte de algunos representantes. 

El 14 de junio, el Gobierno anunció la creación de un fondo de $12.000 millones de dólares para reactivar la economía y ayudar a las familias más afectadas por la pandemia del coronavirus.

El economista Hernán Frigolett, investigador del CEDER de la Universidad de Los Lagos y académico de la USACH, considera que las medidas podrían ser más: «Pienso que debiera ser bastante más intenso el gasto -como lo han hecho los países que ya han logrado recuperar una cierta normalidad-, en términos de inyectar más recursos para que las personas puedan cumplir con las restricciones sanitarias de mejor forma”. A lo que añade: “El gasto ha sido bastante prudencial, lo que ha hecho que la crisis económica de este año sea un poco más intensa de lo que pudo haber sido». 

Según Hermann González, para revertir los golpes a la economía el Estado deberá invertir, explicando que “en general vamos a necesitar grandes niveles de inversión para recuperar el crecimiento y el empleo porque esta ha sido una de las variables más dañadas con esta crisis.” Para el economista es importante actuar con rapidez, ya que asegura que «lo que estamos viendo es que se están generando efectos permanentes. Estamos en presencia de un shock transitorio pero con consecuencias duraderas.»

 

 

¿Qué se viene en el futuro?

Sobre la reactivación de la economía, Roberto Saavedra opina que “esto puede tardar ocho meses si es que no se gatillan cambios estructurales de manera significativa. La prioridad está en cómo mejoramos que el autoingreso se logre estabilizar para que las personas sean independientes en la generación de sus propios recursos.” 

Frigolett, en cambio, explica por su parte que «la normalidad de la economía la vamos a tener recién en el segundo semestre del próximo año” y recalca que “tenemos sectores que probablemente van a recuperar rápidamente algún nivel de actividad. Pero si comparamos con situaciones de ventas normales, van a estar por debajo. Además vamos a tener la situación de un desempleo que no se va a reabsorber rápidamente. Eso disminuye la masa de ingreso disponible para el gasto y hará que la recuperación sea más lenta».

Para el director de Clapes UC, Hermann González la reactivación económica se dará de manera gradual una vez que se levanten las restricciones argumentando que “no vamos a tener una recuperación completa hasta que no tengamos una vacuna. Mientras tanto cualquier intento de recuperación va a ser parcial y frágil por la amenaza de rebrotes.

 

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