Por Camila Orellana

Más de cinco meses y medio han pasado desde que se detectó el primer caso de Covid-19 en Chile, el 3 de marzo, y ahora varias zonas del país iniciaron su proceso de desconfinamiento gradual.

Cuando el gobierno anunció el Plan Paso a Paso, el 19 de julio, en el cual se fijaron los procesos y criterios del desconfinamiento, Chile presentaba 30.325 casos activos.

En los últimos días, con la reapertura de comunas como Santiago y Estación Central, se han producido aglomeraciones en centros comerciales, ciudadanos expuestos sin mascarillas y alta tasa de salidas no esenciales, lo que ha hecho surgir la pregunta de si es inevitable esperar la aparición de un alza de contagios durante los próximos días.

¿Cómo les ha ido a otros países con la reapertura tras meses de cuarentena y distanciamiento social?

España

Cuando españa inició su primera fase de desconfinamiento, el 11 de mayo, los casos nuevos activos llegaban a 463, significativamente menor a los 10.800 casos notificados durante el peor período de la pandemia a mediados de marzo.

A través del plan para la transición hacia una nueva normalidad, el gobierno de ese país dio inicio parcial a ciertas actividades, acordando flexibilizar algunas limitaciones establecidas por el estado de alarma, como permitir el desplazamiento a la segundas residencias dentro de la misma provincia, las reuniones en grupos de hasta 10 personas y la reapertura de las terrazas de bares y restaurantes a un 50 por ciento de su capacidad.

Sin embargo, a pesar de los intentos por mantener los casos a la baja, durante principios de julio se registró un alza progresiva de casos, incitando al gobierno a retroceder en su plan y adoptar medidas para paliar el rebrote, cerrando nuevamente centros de eventos o comercio no esencial y llamado a la población a mantenerse en sus hogares.

Francia

Si bien las restricciones se han levantado casi por completo en la mayor parte de Francia, el virus permanece presente. Cuando el país galo comenzó a aligerar su confinamiento a partir del 11 de mayo, después de casi un un mes y medio en cuarentena, había un total de 140.227 de casos reportados y 17.003 muertes acumuladas.

En su primer paso de desconfinamiento se permitió la apertura de comercios no esenciales, restaurantes y cafés, la movilización dentro de 100 kilómetros del domicilio sin autorización y se permitieron las reuniones de 10 personas como máximo La meta era reactivar la actividad económica del país, permitiendo cierta libertad social.

Según la Organización Mundial de la Salud, esta tendencia a la baja logró mantenerse durante junio y julio, con diversos grados de fluctuación. Sin embargo, durante este mes el país ha presentado un alza de casos, informando 4,748 hospitalizaciones.

Según el gobierno francés a la fecha han habido 229.814 casos confirmados de COVID-19 con 30.480 muertes.

Nueva Zelanda

El manejo de la pandemia por parte de Nueva Zelanda se ha visto como un ejemplo mundial, avanzando mejor que la mayoría de los países. Hasta la fecha hay 105 casos activos confirmados y 22 muertos.

La política de control neozelandés se ha basado principalmente en la adopción de una estricta cuarentena desde el 25 de marzo, controlando fuertemente las fronteras, obligando a quienes entran al país a confinarse por 14 días, además de una sólida detección, vigilancia y seguimiento de casos.

Para el 28 de abril, cuando la primera ministra Jacinda Ardern informó que el país comenzaría la Fase 3 de su reapertura, que permitía mayor desarrollo de actividades industriales manteniendo restricciones a las actividades sociales, solo habían dos nuevos casos confirmados en el país.

De esta forma los neozelandeses lograron mantenerse sin contagios locales por 102 días, incluso registrando cero casos nuevos confirmados por 25 de ellos.

Sin embargo, el 4 de agosto el gobierno informó sobre cuatro casos de propagación comunitaria en Auckland, sumiendo nuevamente a su ciudad más grande en un confinamiento programado hasta el 26 de agosto.

¿Qué dice la Organización Mundial de la Salud?

Según la OMS, las decisiones tomadas respecto al proceso de desescalada “deben fundamentarse en evidencias, basarse en datos, e implantarse progresivamente”, idealmente en periodos de dos semanas, basado en el periodo de incubación del virus. Para esto los países deben mantener una ardua labor de testeo, dinamizar sus sistemas sanitarios, implementar sólidas medidas de rastreo de casos sospechosos y adoptar estrictas cuarentenas cuando se presenten confirmaciones.

Además, con el fin de reducir el riesgo de nuevos brotes, las medidas de apertura deben implementarse de “forma gradual y escalonada”, evaluando primero los riesgos sanitarios y estadísticos y segundo los beneficios socioeconómicos en las diferentes zonas involucradas.

Por último, la organización hace hincapié en que la población general mantenga las medidas de protección y sanidad impuestas desde el principio de la pandemia, como el lavado de manos, evitar tocarse el rostro, practicar una buena higiene respiratoria y llevar a cabo distanciamiento a nivel individual.

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