Las afirmaciones falsas o sin evidencias del cartel que dice que el 30% de los vacunados contra el COVID-19 morirán en pocos meses

por | Mar 31, 2021 | Coronavirus, EXPLICATIVO, Vacunas

Este es un artículo original de Maldita.es, que forma parte de la alianza Latam Chequea, que también integra Mala Espina Check para combatir la desinformación sobre el coronavirus. 

Se ha viralizado un cartel que dice: «El 30% de los vacunados moriran (sic) en pocos meses«. En una versión más larga del texto, se atribuye esto a la tormenta de citoquinas que supuestamente sufrirán las personas vacunadas contra el COVID-19. También se dice que las vacunas de ARN mensajero (o ARNm) provocan el fenómeno ADE, el fenómeno de facilitación dependiente de anticuerpos, o que causan enfermedades autoinmunes. Les explicamos las afirmaciones falsas y sin evidencias de este texto viral.

Esta verificación ha sido realizada en el marco del proyecto #VACÚNAte que Maldita.es y la agencia de noticias Servimedia desarrollan contra la desinformación sobre las vacunas del COVID-19 con el apoyo de Google Digital News Innovation. Maldita.es forma parte de la alianza LatamChequea que también integra Mala Espina, donde se combate la desinformación sobre el coronavirus y las vacunas.

Las afirmaciones se le atribuyen, en primer lugar, a la genetista francesa Alexandra Henrion-Caude, aunque a quien vemos en la imagen es a Sherri Tenpenny, una osteópata estadounidense y activista antivacunas de la que también se habla en el texto. El contenido menciona también a Dolores Cahill, bióloga y profesora en la Facultad de Medicina del University College de Dublín. Las tres son conocidas por haber defendido desinformaciones sobre la pandemia del COVID-19.

No hay evidencias de que las vacunas de ARNm contra el COVID-19 provoquen una tormenta de citoquinas

El cartel que está circulando, por el que nos han preguntado a través de nuestro chatbot de WhatsApp (+34 644 229 319), dice que el 30% de los vacunados contra el COVID-19 morirá en pocos meses. En una versión más larga de texto, se dice que este 30% morirá porque la vacuna provocará una tormenta de citoquinas «una vez que el cuerpo ha sintetizado la proteína de espiga en grandes cantidades». Según señala el texto, esta estimación la ha hecho Dolores Cahill y es apoyada por Alexandra Henrion-Caude.

No sería la primera vez que Cahill defiende que las vacunas de ARNm matarán por generar una tormenta de citoquinas, pero es una afirmación falsa.

La tormenta de citoquinas (o de citocinas) es una respuesta inflamatoria desmesurada en la que está implicado el sistema inmune. Pero «no hay ninguna evidencia de que las vacunas produzcan tormenta de citocinas, al contrario, la evitan«, según asegura a Maldita Ciencia África González Fernández, catedrática de Inmunología de la Universidade de Vigo.

En esta misma línea, Pepe Alcamí, virólogo del Instituto de Salud Carlos III, manifiesta que la afirmación es falsa y que las vacunas «no inducen la proteína espiga (spike o S) en grandes cantidades«, como se afirma en el texto que se difunde. Esto es así porque el ARNm de la vacuna dura muy poco y «al desaparecer el mensajero, la proteína no puede sintetizarse. Persiste el tiempo suficiente – unos pocos días – para inducir una respuesta inmune«, explica Alcamí.

De hecho, la Agencia Europea del Medicamento (EMA), en su recomendación para autorizar la comercialización de vacuna de ARN de Moderna, también indica que el ARN mensajero de la vacuna no permanece en el cuerpo:

«Cuando una persona recibe la vacuna, algunas de sus células leerán las instrucciones del ARNm y producirán temporalmente la proteína de pico. El sistema inmunológico de la persona reconocerá esta proteína como extraña y producirá anticuerpos y activará las células T (glóbulos blancos) para atacarla. 

Si, más adelante, la persona entra en contacto con el virus SARS-CoV-2, su sistema inmunológico lo reconocerá y estará listo para defender al cuerpo contra él.

El ARNm de la vacuna no permanece en el cuerpo, se descompone poco después de la vacunación.«

Pepe Alcamí asegura que no se ha contemplado este supuesto efecto de las vacunas: «No se vio en el SARS, no se ha visto en los ensayos clínicos en los que hay gente que lleva ya más de 9 meses vacunada y no se ha visto nunca ese efecto».

Tampoco hay evidencias de que las vacunas de ARNm frente al COVID-19 provoquen el «fenómeno ADE»

El texto también dice que las vacunas de ARNm generarán «un fenómeno llamado mejora dependiente de anticuerpos (ADE)» que supuestamente permite que el ARN mensajero se replique «indefinidamente» creando «trozos» de proteína S en el interior de nuestro cuerpo. Se atribuye esta afirmación a Sherri Tenpenny, una osteópata estadounidense y activista antivacunas que ya ha difundido desinformaciones sobre el COVID-19. Pero es, de nuevo, una afirmación sin evidencias.

Según nos explica el virólogo Pepe Alcamí, el fenómeno de facilitación dependiente de anticuerpos, conocido como fenómeno ADE, consiste en que los anticuerpos podrían unirse al virus y facilitar la infección de las células. Pero, según el experto, no se ha identificado este fenómeno en el caso del COVID-19.

Para entender qué es el ADE, Alcamí nos pide imaginar los anticuerpos que busca generar la vacuna contra el COVID-19 (o cualquier vacuna) como si fueran una pinza.

«Un anticuerpo tiene dos partes funcionales, es como una pinza. En su región variable (la parte de la pinza que atrapa) se une a un antígeno de manera específica (se une a uno en concreto, no a todos), por ejemplo a un trocito o «dominio» del Spike del SARS-CoV-2 e idealmente lo neutraliza. Pero el otro extremo o zona constante, en determinado tipo de anticuerpos (no todos), se pueden unir a unos receptores que tienen sobre todo células macrofágicas del organismo. Al hacerlo, ese tipo de células «fagocita» (se come) el complejo virus-anticuerpo y lo degrada. Es otra manera de destruir el virus. El problema surge cuando los virus se adaptan a resistir en el interior del macrófago y al sobrevivir lo infectan o a través de él pueden infectar otras células o provocar una inflamación no beneficiosa».

Si esto ocurre, los anticuerpos generados por una exposición previa a un patógeno, ya sea una exposición ambiental o por la vacuna, pueden suponer un problema más que una solución, ya que hacen que la segunda exposición agrave la infección causada.

Según el virólogo, «la única enfermedad en que esto se demostró fue en una vacuna frente a virus sincitial respiratorio (VSR) que sí inducía anticuerpos que facilitaban la infección cuando el niño entraba en contacto con el virus y provocaba neumonías severas». Pero esta vacuna fue retirada «y la experiencia nos hace analizar siempre si una vacuna frente a virus respiratorios induce este fenómeno», añade.

En el caso de COVID-19, según indica el experto, «no se ha documentado ni visto ningún caso. Tampoco la gravedad de la enfermedad se ha podido asociar con este fenómeno«. Del mismo modo, la catedrática África González explica que no se ha detectado el fenómeno ADE con el COVID-19 ni tampoco en las personas ya vacunadas.

Además, en este artículo de Nature Microbiology sobre el fenómeno ADE y los tratamientos y vacunas contra el COVID-19, los investigadores llegaban a la siguiente conclusión: «Los pasos para reducir los riesgos de ADE de las inmunoterapias incluyen la inducción o administración de altas dosis de potentes anticuerpos neutralizantes, en lugar de concentraciones más bajas de anticuerpos no neutralizantes que tendrían más probabilidades de causar ADE».

En este sentido, la vacuna de ARNm, como las de Pfizer y BioNTech y la de Moderna, sí inducen anticuerpos neutralizantes «y problablemente también no neutralizantes, pero no inducen anticuerpos facilitadores», explica Alcamí, que asegura que en todos los ensayos clínicos se ha medido la producción de anticuerpos neutralizantes.

No hay evidencias de que las vacunas de ARNm «destruyan» nuestros pulmones

El texto también asegura que las vacunas de ARNm «destruirán nuestros pulmones y desactivarán los antimacrófagos inflamatorios y llevarán el virus al interior de la célula permitiéndole replicarse». No es la primera vez que la activista antivacunas Sherri Tenpenny dice que las vacunas de ARNm dañarán los pulmones y provocarán muertes.

Para afirmar esto, Tenpenny se basa en el fenómeno ADE (que ya hemos explicado con anterioridad) y en estudios sobre el desarrollo de vacunas para los virus responsables del síndrome respiratorio agudo severo (SARS) y el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) que no están relacionados con el COVID-19, según señala Snopes, medio miembro del International Fact-Checking Network (IFCN) del que también forma parte Maldita.es.

A este respecto, según Pepe Alcamí, en el caso del SARS se observó en modelos experimentales que algunas vacunas (que no eran de ARNm ni de adenovirus) provocaban pulmonías más graves cuando los animales eran posteriormente infectados. Esto se debía a que se produjo una respuesta celular de perfil Th2.

Según explica el virólogo, una respuesta de perfil Th2 lo que hace es producir citocinas que frenan el sistema inmune. Mientras que las respuestas de perfil Th1 son «las buenas» porque producen citocinas antivirales y mediadores que potencian la respuesta inmune. En los ensayos clínicos de las vacunas de ARNm contra el COVID-19 se ha medido esto y las respuestas que inducen las vacunas son de perfil Th1, es decir, «las buenas».

Por lo tanto, la afirmación de Tenpenny carece de evidencias. Los estudios en los que se basa para hacer su afirmación no tienen relación con el virus del COVID-19. Además, las vacunas de ARNm contra esta enfermedad han demostrado generar respuestas «sanas», según señala Alcamí: «Es decir, las vacunas generan anticuerpos neutralizantes y respuestas de tipo Th1«.

No hay evidencias de que las vacunas de ARNm contra el COVID-19 causen enfermedades autoinmunes

Entre otras cosas, el texto también dice que las vacunas de ARN mensajero generarán enfermedades autoinmunes.

«El caballo de Troya, como dice la Dra. Tempenny, se nos inyecta de hecho a través de la vacuna de ARNm, (…) causando la muerte de muchas personas al año de la vacunación: no sólo para el shock anafiláctico o las enfermedades cardiovasculares, sino también para las enfermedades autoinmunes, ya que los anticuerpos de la proteína Spike comenzarán a atacar y a romper los glóbulos rojos.«

La catedrática en Inmunología África Gónzalez afirma sobre esta parte del texto que «no hay ninguna evidencia de que esto ocurra» y que aquí se mezclan conceptos y hay otros erróneos. Por ejemplo, explica que el shock anafiláctico «es un evento rarísimo y es una reacción alérgica» y que por ello «se indica no inocular las vacunas a personas con alergias a los componentes de las vacunas, esperar 15 minutos tras su administración y tener epinefrina en los centros de inoculación».

En cuanto a si las vacunas pueden causar enfermedades autoinmunes, González dice que este tipo de patologías «son muy variadas y de causas no muy claras, pero todas tienen una base genética y ambiental, una de ellas es las infecciones, pero no las vacunas«. Por su parte, Pepe Alcamí asegura que no es cierto que los anticuerpos de la proteína S ataquen a los glóbulos rojos como dice el texto, ni tampoco que produzcan enfermedades autoinmunes: «No se ha demostrado y no hay determinantes comunes entre la proteína S y los glóbulos rojos que dieran una reacción cruzada».

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