El mito de los votos blancos y nulos

Al momento del conteo de votos pueden surgir dudas sobre si los sufragios nulos y blancos se suman a candidatos o listas. Lo cierto es que estos no se usan para calcular los porcentajes que definen a la candidatura ganadora y se registran e informan como parte de las estadísticas electorales.
¿Se suman los votos blancos al candidato con mayor preferencia o se reparten los votos nulos entre las candidaturas? La respuesta es no. Estos son algunos de los mitos que podrían resurgir en estas elecciones presidenciales y parlamentarias que se realizarán el domingo 16 de noviembre.
Según la Ley de Votaciones Populares y Escrutinios (Ley 18.700), el voto blanco es aquel donde no se ha marcado ninguna preferencia en la papeleta, “contengan o no en forma adicional leyendas, otras marcas o señas gráficas”. Por otro lado, el voto nulo son todas “las cédulas en que aparezca marcada más de una preferencia, contengan o no en forma adicional leyendas, otras marcas o señas gráficas”.

Consultado por Mala Espina, Hernán Campos, académico de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales comentó acerca del origen de estas creencias. “En el marco de la celebración del Plebiscito Constitucional de 1980, el régimen militar, de manera excepcional, estableció que, en el artículo 20 del Decreto Ley 3.644, “las cédulas que aparecieran en blanco, sin la señal que hubiere podido hacer el votante, serán escrutadas en favor de la preferencia “SÍ”.
Campos agregó que la idea de que los votos blancos se suman la alternativa mayoritaria perduró tras la restauración democrática en Chile, y que desde 1988 las elecciones se han regido por la ley 18.700.
El voto blanco se suma al candidato que tiene más votos y los nulos se reparten entre candidaturas o listas
la idea de que si una persona deja la papeleta en blanco, ese voto se agregará al candidato que obtenga la mayoría es un mito que suele reaparecer en cada periodo eleccionario.
La normativa electoral señala que los votos blancos se contabilizan por separado y que, al momento de proclamar resultados, se consideran como no emitidos. Los porcentajes para decidir a la persona ganadora se calculan solo sobre los votos válidamente emitidos por cada candidatura.
Por otro lado, poco menos común pero aún presente, es la creencia de que al anular el voto, ese sufragio se reparte de forma proporcional entre las candidaturas o listas.
La Ley 18.700 ordena que las mesas registren los votos nulos por separado y los incluyan en el total de sufragios emitidos solo para efectos de control, pero no para el cálculo de resultados.
Cualquier raya, dibujo o palabra hace que el voto sea nulo
Otra idea que suele circular al momento del conteo de votos es que escribir una palabra, hacer un dibujo o marcar fuera del recuadro invalida automáticamente el voto.
La ley señala que la mesa debe anular las cédulas que tengan más de una preferencia marcada, con independencia de que contengan o no leyendas u otras marcas. En cambio, la misma norma indica que, cuando el voto tiene una sola preferencia clara y además incluye rayas, dibujos o palabras, la mesa debe escrutarlo a favor del candidato indicado y solo dejar constancia de esas marcas en el acta.
El valor de los votos blancos y nulos
Hernán Campos se refirió al valor que tiene este tipo de sufragios en periodo electoral y el análisis que puede hacerse a través de ellos. “Típicamente, la aparición de los votos nulos y blancos se asocia a un problema en la oferta política en periodos electorales“, indicó.
“Dependiendo del régimen de votación, obligatorio o voluntario, el fenómeno se puede manifestar en forma de abstención, cuando es con voto voluntario, o a una indecisión expresa a la hora de votar cuando es obligatorio”, agregó Campos.
El académico de ciencias políticas de la Universidad Diego Portales también señaló que en el mejor de los casos la presencia de votos blancos y nulos se debe a indecisión por falta de información o desinterés en las elecciones.
No obstante, el academico enfatiza en que si se mira desde “una posición más extrema, se puede explicar como un descontento y malestar generalizado hacia los resortes institucionales del sistema democrático, lo que podría desencadenar profundas crisis políticas y sociales”. Por ello, Campos sugiere que este fenómeno debería observarse con especial atención, sobretodo si se presenta de manera progresiva.